martes, 8 de diciembre de 2015

Diciembre

Una de esas tardes
de tristeza desnatada
De humedad que cala
en los huesos y en las entrañas
De vaho en los cristales
y conversaciones de ascensor

De resignación ante el presente
Porque voy siempre con el mundo a cuestas
Con mi tristeza frágil, desnutrida
Cargada a las espaldas
Salto de charco en charco
Con mis ánimos pegados a la suela
Como si fueran algo prescindible
Como si no necesitara
Volver a sentirme viva

Diciembre se ha colado en mis resquicios
Y me ha enfriado los sueños
En esta tarde vacua de descenso a los infiernos
Ando por el Séptimo Círculo como Dante
Errante, dispersa y obstinada en seguir perdida

Lo bueno de estar abajo,
Es que al menos no hay vértigo
Pienso empujada por un optimismo
forzado, inexistente (...)

Me dejo abrazar por la tormenta
Apática e inconsistente
Mientras lluevo por dentro

Espero con los brazos abiertos
Y el corazón arrugado como papel mojado
Esa ansiada y lejana calma
Que me mira desafiante y gélida
Desde el cristal
Me dice que ya puedo seguir soñando
Cuando le exijo (aunque en realidad es en clave de ruego)
Que venga a abrazarme, que ya está bien de tormenta

Aunque yo sé que llevo
Demasiado tiempo lloviendo
Y que a pesar de sus ganas de joderme
Y de las mías de acusar el golpe

Debe haber
algo parecido a un maldito arco iris
Que me espere y me recuerde
Que aunque la vida sea puta a ratos
También me quiere
Los ratos que me de la gana dejarme




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