La mesa de madera
tu mirada cómplice
sobre mis ojos curiosos
El tintineo de las cuentas
de tu collar sobre tu clavícula
mientras me lees poemas
Y mientras yo escucho
con el alma en bandeja
dejándome desnudar
por tus susurros
que como mariposas ágiles
me envuelven y estremecen
El hilo rojo
que une nuestros meñiques
ya es casi visible
-Me digo que algún día
te hablaría de los japoneses
y sus leyendas-
El cigarro vacilante
tiembla entre mis dedos
mientras me hablas
de Galeano y de Renoir
Parece que vayas a romperte
y sin embargo la que oye
sus cimientos resquebrajarse
soy yo
Me has roto los esquemas
Me has hecho sentir
más cerca de la primavera
Me has dado un paréntesis
Una brecha
en forma de galaxia
por donde a veces me encaramo
a contar estrellas
Y así me alejo
de horarios y rutinas
que me empequeñecen
Sin darme cuenta
he abierto un espacio
en mi mente para ti
del que he hecho
mi zona de confort
y donde me atrinchero
los días en los que el mundo
me queda grande
"Quien ha crecido
entre la espada y la pared
ha tenido que crecer hacia dentro"
Tu cuerpo ha sido
tu campo de batalla
Pero también el guardián
de esa bonita constelación
que tienes dentro
y que haría menguar
hasta Andrómeda
Sonreías
etérea
como una ninfa
de Dante
Y yo me volvía leve
Lejos de lo cotidiano
y cerca de ti
En esa especie
de intimida rara
construida entre poemas
y cigarros
En la que aprendí
Que mi vestido favorito
se me había quedado pequeño
Que la utopía
sirve para caminar
Y que el hilo rojo
que unía nuestros meñiques
se había anudado en mi pecho
Albergando consigo la certeza
De que esa tarde
te consagraste
frágil y ensordecedora
Como mi eterna musa
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