miércoles, 3 de febrero de 2016

Por deferencia a mí

Por deferencia a todo lo que soy. Por lo que hicisteis de mí, lo que hice con lo que hicisteis de mí . Por lo que soy, lo que quiero llegar a ser o tal vez lo único que puedo ser ahora mismo.
Por los días de colegio y su inocencia agridulce. Por la nostalgia que empapa cualquier tiempo pasado. Por los encoñamientos bonitos, lo inalcanzable y las miradas unidireccionales.  Por los cambios paralelos que aceleraron la madurez. Pero especialmente las hostias. Por los quereres adolescentes, por la comodidad y los entredichos. Por creer que sí porque no podía ser de otra manera. Por el leer entre líneas para darme cuenta de que no. Por las primeras veces, por la intensidad gratuita que luego fue ingrata. Por lo que enseña perder. Por lo que acojona tener más de un camino. Por la presión de elegir. Por los "y si" que me rompieron la cabeza y las ganas de complicarme a los quince años. Por la cuerda floja y el apego a lo seguro. Por ser bálsamo para heridas ajenas. por no haber sido capaz nunca de ser tirita para las mías. Por confundir amor con ganas de permanecer jóvenes, ego con autoestima y libertad con vivir rápido. Por creer que tenía que disculparme por ser yo cuando dolía. Por todas mis asignaturas pendientes en la vida. Por necesitar cuidarlos a ellos, por descuidarme a mí en el proceso. Por echar de mi lado a los que me querían y por intentar retener a los que sólo querían irse. Por aferrarme a imposibles por miedo a quedarme. Por si algún día quiero irme y no encuentro la forma. O por si descubro que en realidad nunca quise y vuelvo a sentirme demasiado pequeña. Por los que me dejaron asomarse a su mundo una noche y por los que después de muchos años, siguen conociendo sólo una parte del mío. Por los que me ganaron con palabras que dieron en el clavo en el momento preciso, y por los que nunca encontraron la forma de romper la coraza. Por los que utilicé para sentirme menos sola, por los que me utilizaron para sentirse más acompañados. Por los clavos que sacan otros clavos y por los que se quedan incrustados en el pecho y no salen nunca. Por las guerras internas, por los que me salvan cada día de mí misma. Por los que descubren tarde que en realidad no quiero salvarme y se van porque sólo estaba de paso. Por el llorar más por dentro que por fuera, por las miradas de las que no puedo escapar ni llorando. Por el perderme en mí misma sin billete de vuelta. Por los desencantos a destiempo. Por los que decepcioné y por los que me decepcionaron. Por las etiquetas y por el miedo a llamar a las cosas por su nombre, Por romper el miedo a llamar a la puerta aunque me digan que no me abren. Por ser capaz de darme la vuelta y asumir que la vida sigue a pesar de nosotros. Por los quiero y no puedo. Por los no sé lo que quiero y eso agobia. Por el reconciliarse con el espejo. Por los ambiguos, por el miedo a aclararse. Porque todo sigue siendo posible si no decimos nada. Por el enseñar todas mis cartas a la primera y quedarme con lo puesto. Por creer más en los ojos que en las palabras. Por el miedo a estar de más y el acabar sintiéndome de menos. Por los "te lo dije" que no necesitaba oír. Por elegir siempre el riesgo, porque no sé de otra manera.
Por los que se fueron y nunca supieron cuánto les quise. Por lo que alivia lo cotidiano cuando pensar pesa. Por las ganas de huir de lo cotidiano y vivir lo excepcional. Por cuando dejé  y no supe cómo pedir perdón, por cuando  me dejaron y pensé que me debían algo. Por cuando quise a reembolso y por cuando di más de lo que tenía sin fianzas. Por cada una de las personas que me revolucionaron por dentro, por los que me volvieron loca y por los que eran mejores pero nunca dejaron huella. Y siempre me pregunté por qué. Por todo y por todos los que pasaron por mi vida, por los que llegan y por los que están por venir. Por los que eligieron irse, por los que dieron un portazo y por los que siempre tendrán la puerta entreabierta.
Por entender que a pesar de todo y de todos, hay que seguir siendo. Que lo único que nos debemos a nosotros mismos, después de todo. Y no es poco.

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